IU ve a Defensa más condescendiente con los militares franquistas que con los defensores de la Constitución

One thought on “IU ve a Defensa más condescendiente con los militares franquistas que con los defensores de la Constitución”

  1. PCardona says:

    Que los mandos de nuestros ejércitos sean franquistas es algo lógico, por mucho que nos disguste. Hay muchas razones, una importante que es común en casi todas las profesiones es el autoreclutamiento, es decir que los hijos sigan la profesión de sus padres y ancestros, simplemente porque es lo que han vivido desde muy pequeños y casi siempre fomentado por sus propios progenitores, en tiempos pasados algo muy común entre artesanos porque era muy difícil aprender un oficio si no fuese pasando por largos periodos de aprendizaje que como mucha recompensa inmediata era durante años la cama y la comida. La revolución industrial durante los últimos siglos fue modificando estos sistemas porque la modernización de los medios de producción ha ido mermando el contenido de los artesanos que han evolucionado hacia el arte y la exclusividad con la consiguiente reducción de su mercado y los hijos empezaron a buscar otras formas de ganarse el pan, en muchos casos ayudados por sus padres que se endeudaban para el ayudar al progreso social de los hijos. Muchos emigraron para encontrar un hueco en universidades y escuelas donde se aprendían oficios más elitistas en franca expansión por el auge que la revolución industrial dio a la economía.
    Este ascenso en la escala social no les hizo olvidar el noble deseo de que sus hijos continuasen el camino por ellos emprendido: las profesiones paternas se heredaban y en una parte importante, los jueces eran hijos y nietos de jueces, los médicos eran hijos y nietos de médicos, los funcionarios eran hijos y nietos de funcionarios y no podían faltar los militares en los que esta práctica tenía graves rasgos de nepotismo, derivados de la falta de formación humanística, política y sociológica de los padres y la falta de contacto de los hijos con el mundo real, encerrados en una gran burbuja en la que se encontraban viviendas ocupadas solamente por militares, economatos exclusivos, centros de enseñanza privados con acceso exclusivo para «Hijos del Cuerpo». Auténticos fortines de la «esencia patria». Todo esto se vio agravado porque poco a poco la sociedad civil encontró una salida profesional en las carreras militares que en ciertas capas sociales tenían cierto prestigio y no eran de difícil acceso, porque una vez aprobada la oposición de ingreso (bastante fácil) se cursaban los cuatro años de las Academias del Ejército de Tierra y de Aviación o los cinco cursos de la Escuela Naval Militar y por último, una vez pasados esos «duros escollos» ya se tenía asegurado un sueldo digno de por vida (salvo delito flagrante). Esto trajo como consecuencia que se hiciesen «apaños» pertinentes para que ingresasen en las Escuelas y Academias los hijos «menos dotados intelectualmente» de los militares de más prestigio «gonadal», que jamás hubiesen ingresado por méritos propios..
    En todo este proceso, los futuros oficiales u oficiales jóvenes nutrían su cultura política con las historietas “gloriosas” de sus padres en la Guerra Civil y las nefastas de los rojos violadores de monjas, pirómanos de iglesias, asesinos de curas y gente de bien…, completadas con la lectura de periódicos y revistas que continuamente ensalzaban las gestas de la guerra, el espíritu cristiano de nuestra Patria, el progreso que nos traía la dictadura del “Generalísimo”, nuestra historia imperial al tiempo que denostaban a las democracias occidentales y todas las pecaminosas “modernidades” de sus costumbres: Fuerza Nueva, Arriba, El Alcázar, Solidaridad Nacional, y el eclesiástico Ya y una larga lista de panfletos regionales y locales.
    No hay que olvidar que muchos de los españoles que se adhirieron a “la causa nacional” (golpe de estado y guerra cruenta) lo hicieron por un sentido religioso que asoló nuestra sociedad desde la Edad Media, con una enorme influencia en todo el pueblo. Esa infiltración de la doctrina católica en nuestros ejércitos ha sido otro de los cánceres que han arruinado cualquier espíritu crítico.
    Perdón por la extensa longitud de este comentario.

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